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20.03.2026 - 15:37

Ellas por el barrio - 2da edición

El Municipio A rinde homenaje a las mujeres de nuestro territorio

Con motivo de #MarzoMesDeLasMujeres, presentamos la segunda edición de la campaña 𝐄𝐥𝐥𝐚𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥 𝐁𝐚𝐫𝐫𝐢𝐨.  Cinco mujeres han brindado su imagen y sus testimonios. Mujeres que, con la intención de mejorar sus barrios y ayudar a quienes los habitan, han dedicado su esfuerzo a la construcción de comunidades más justas y solidarias.

Beatriz vivió toda su vida en Nuevo París, en la zona Emancipación entre Triunfo y el lago. El barrio la llevó a militar desde joven, comenzó luchando por el derecho al saneamiento, luego por condiciones de vida dignas, y luego por espacios recreativos para todos como plazas y parques. Durante su proceso de lucha por el barrio, los vecinos la eligieron a ella para representarlos, muchas veces le sugerían a ella que hablase por todos. Participó en los comités de barrio, tuvo un merendero durante la pandemia y finalmente, cuando comenzaron las elecciones, fue electa concejala vecinal

En el marco del mes de la mujer, Beatriz tiene un mensaje claro para todas las mujeres del oeste: "Mujeres, nacimos libres y somos libres. Si están pasando un mal momento, busquen ayuda que siempre se sale. Hay que romper ese círculo, esa espiral de violencia". 

Para Beatriz, desde el oeste se deben hacer más campañas barrio a barrio. Comentó que hay personas que todavía no saben que existe la Comuna Mujer, que hay personas que necesitan ayuda y la información no les llega por ningún medio. Ella cree que la información debe ser democratizada y adaptada a los barrios. "No solo se deben hacer talleres para las mujeres grandes, hay que empezar por los gurises, porque son el futuro. Además, yo veo en mi barrio una carencia de atención de las autoridades, tenemos gurises que están constantemente viendo el consumo de pasta base y no saben cómo lidiar con esa violencia”. 

Beatriz comentó que el machismo en Uruguay y en el Oeste se ve a diario, tanto en las cosas chicas como en lo más obvio. Para ella, se necesita hablar del machismo cotidiano, de los micro machismos, ese que se ve en el baby fútbol, en los comités de base, en la militancia y en el trabajo: "Vos tenés que educar a esa gurisa, que no es normal que le peguen, ni que el compañerito de la clase, ni tu padre, ni nadie. La educación y la información son lo más importante. Y acá, yo te digo, en mi zona, en las escuelas de tiempo completo, los niños se golpean. ¿Por qué? Porque la mayoría de los niños lo ven en su casa."

Beatriz trabaja en el área de la salud y contó que lo presencia a diario: mujeres que llegan golpeadas junto a sus agresores, y que se van de la mano de la misma persona que las lastimó. Dijo que eso es lo que más le duele, y que entiende que ocurre porque ellas están bajo una relación abusiva: "Uno aprende señales, de cómo él las mira, cómo ellas bajan la mirada, cosas que a uno le ponen alerta. Las relaciones abusivas no sólo son cuando te golpea. Está presente en cómo te trata, si te manipula, si te violenta".

Alejandra es una vecina y referente del cerro. Nació, vivió y se crió en el oeste, comenzando su larga trayectoria con la militancia hace años. Actualmente reside en el barrio 6 de septiembre, siendo integrante de la Comuna Mujer 17, de la Coordinadora Nacional de Asentamientos y ha participado en Rutas Transfeministas Sudacas, un colectivo internacional centrado en la lucha por los derechos de las mujeres en situación de calle. Su extenso trabajo contra la desigualdad no tiene horario ni descanso. Alejandra y otras tantas comuneras de la zona, reciben mujeres golpeadas, abusadas y violadas a diario, brindando contención y apoyo incondicional a pesar de los escasos recursos. Como otras tantas mujeres en el oeste, Alejandra ve una profunda falencia institucional:
"No se puede hacer un cambio si desde el Estado no se brinda el apoyo necesario y las mujeres están a la deriva".

Desde la Comuna Mujer se sienten aisladas y desbordadas, con la impotencia de no poder responder a todas las mujeres que las necesitan. Alejandra señaló que, durante la campaña electoral, los candidatos a la Intendencia de Montevideo les prometieron cambios que nunca llegaron, y remarcó la urgencia de contar con un espacio seguro donde las mujeres puedan refugiarse mientras atraviesan un proceso judicial o una situación de violencia en el hogar.

Nos prometieron el oro. Hoy en día hay mujeres en la calle sin contención”

Tiene dos nietas de doce y nueve años, vive con el corazón en la boca constantemente con el miedo de que algún día les pase algo. Para ella, la educación es lo más importante, y considera que es ahí donde el Estado debe concretar sus primeros pasos. La falta de atención del Estado, para Alejandra, ha llevado a los jóvenes a un estado de desilusión y tristeza, donde no encuentran una salida clara y, por lo tanto, cada vez es más difícil que participen de la militancia.

“Antes los chicos querían ser futbolistas, querían ser modelos, querían ser actrices, ahora quieren ser narcos. Un gurí no está preparado para ver todo lo que pasa a una mujer. Que la quemen, que la corten, que la violen”.

Mencionó que cada vez hay más asentamientos y que, a medida que la desigualdad aumenta, también lo hacen los problemas sociales. Para ella, es difícil incluso pensar una solución: "No puedo dejar sola a las mujeres. Lloro, puteo, a veces no duermo. Y la gente joven no se quiere comprometer. Tenés cuatro o cinco gurisas hablando con otras dos o tres personas más adultas, las gurisas se terminan levantando y se van". Comentó que la mayoría de las jóvenes la está pasando mal y no encuentran solución. Apuntó que hace treinta años se hablaba de renta básica en Uruguay y que desde entonces las cosas son cada vez peores: 

Las mujeres son violentadas sistemáticamente, enfrentando sus problemas la mayor parte de las veces solas y en silencio”.

Para ella, se necesita un compromiso mayor por parte de las instituciones. El apoyo debe ser integral, donde las mujeres tengan un espacio donde sentirse protegidas, con ayuda psicológica, legal y médica. Alejandra es un ejemplo de compromiso con la causa dentro del oeste. Su dedicación es diaria y, sin duda, es una de las tantas personas que ayuda a que nuestros barrios sean mejores para todos.

Valentina comenzó a militar en los años 80, en tiempos de dictadura militar, ella fue aprendiendo y entendiendo el trabajo diario de aquellas compañeras y fue escribiendo su historia en el barrio. 

“Siempre trabajando, juntándose en la plaza, hablando con las vecinas, poniendo escucha, estando ahí atenta, siendo un poco esa vecina hormiga, de pie, buscando información, acercandola, siempre para aportar y sumar”. Opina que con toda la información que hay o en día, hay lugares que no llegan. Cerca de los 2000 dió clases en la escuela de barrio durante 10 años y en el barrio 19 de abril

Antes de eso trabajó en La Tierrita (Nuevo París) en ONG´s y últimamente se encuentra trabajando como empleada doméstica de forma particular y voluntaria en el Centro Cultural Alba Roballo. Para ella fue muy importante la apertura en el centro en Pandemia (por COVID 19) en donde se formó un colectivo de vecinas en el cual realizaron ferias artesanales y diferentes actividades en el barrio. Destaca el trabajo realizado por las maestras en aldeas y vecinas particulares, pensaron en tener una logística, creando muñequitos con las manos extendidas: “fue muy rica la experiencia, tejiendo la red del barrio”.

“A nivel barrial, municipal, nos acercamos mucho últimamente al Centro Cultural, porque ahí, si bien es algo que se logró por los vecinos. Comenta que es cuidadosa de todos los lugares que vamos que “vinieron de la nada”, detrás hubo gente, vecinos e instituciones. 

En el marco del 8M han hecho convocatorias a las vecinas, realizaron proclamas, la leyeron en la plaza y marcharon por allá, porque muchas no podían ir al centro o no querían por la polarización. Tiene como lugar de referencia la Comuna Mujer, aunque considera que está “algo quieto”, las chicas referentes de la Intendencia de Montevideo, son cercanas al barrio, están más descentralizadas del Municipio: “Yo voy a buscar siempre material a la Secretaría de género, me acerco y traigo información, por ejemplo un punto violeta comunitario en los tablados que se han instalado”.

Yo le enseño a mis nietos que el cuerpo, que la violencia se aprende y se puede desaprender, ponerse firmes, no ser permisivos, porque cuando estás en ese ciclo tóxico no te das cuenta”. Valentina cuenta que la atraviesa la violencia, que crió a un sobrino que hoy por hoy tiene tobillera, que recuerda otras mujeres del barrio, que hoy ya no están físicamente y que fueron las que tendieron red: “yo no vine de la nada, soy producto de una red también de contención familiar, de vecinas, que hacían lo mismo que yo”. 

Afirma con certeza que si bien se visibiliza la violencia hacia la mujer, hay hacia niños y algunos hombres: “no tendría que haber violencia en ninguna parte”, termina.

Si tuviera que dejar un legado a sus hijos y nietos, Valentina les diría que hagan cosas por ellos mismos y por los otros, con respeto: “no se repriman, pónganse metas y trabajen por ellas”. Valentina apuesta a seguir buscando la equidad, no igualdad, apuesta a no descuidar lo que ya se tiene, todo lo que se logró, que se mantenga y se siga proyectando, y que solos no se sale adelante, en colectivo, en comunidad, y siempre siendo respetuoso con la opinión del otro. “Estamos muy metidos en nuestras cajitas de celulares, y no hacemos el ejercicio de pensar, de discutir, pero no de discutir con gritos, sino de discutir con argumentos”. Considera que es importante la transmisión oral de experiencia y si alguien te escucha “es mucho más rico”. Le parece que hay mucha gente que es anónima y no tiene la oportunidad de contar su experiencia. “Cuando se hacen estas cosas está buenísimo que alguien más lo sepa. Por lo menos eso, que alguien más lo sepa”.

Florencia empezó a militar desde los 12 años, por distintas circunstancias que le tocó vivir en la vida, el abandono, la echaron de su casa muy jovencita, a medida que pasaron los años comenzó a comprometerse con los colectivos y las políticas sociales. Hoy es tesorera de la ATRU (Asociación Trans del Uruguay) y vive en el barrio 19 de Abril.

“La idea es visibilizar lo que son los territorios y el trabajo que se hace acá, porque la idea justamente era esa, de poder hacer distintas cosas, como taller de corte y confesión o espacios de cultura, me refiero a que me gustaría que las mujeres tengan la oportunidad de conocer otros lugares, osea poder salir un poco de su propio barrio”, cuenta Florencia.

En el 2016 quedó sorteada en el proyectoUruguay Trabaja, por medio de Andrés Scagliola, en donde tuvo la oportunidad de un trabajo formal, una capacitación en la cual se formó como auxiliar de servicio. Realizó diversos cursos, talleres de género, especializadas en minorías. 

“Yo creo que acá se pueden hacer muchas cosas, en lo que tiene que ver con los asentamientos y los barrios, donde hay gente en contexto vulnerable, muchas veces estigmatizados por ser rehenes del narcotráfico” explica.  

En el barrio formaron el grupo “Mujeres Unidas” en el que ganaron el premio de la Intendencia de Montevideo “Fortalecidas”. Si bien no han tenido mucho apoyo, realizaron talleres de cerámica y de pintura. Agrega que tienen muy buena comunicación con los vecinos, están preocupadas por sus situaciones, por las cosas que pasan, por eso trabaja activamente con la Comisión y el grupo de mujeres.  

“Sean ustedes mismos, luchen por sus sueños, sean caprichosos también, porque yo de cierta forma, muchas cosas que he logrado en la vida lo logré por capricho, de decir yo esto lo puedo hacer, así que no me voy a rendir, por más dificultades, por más que el contexto sea difícil”, cree que es importante prepararse, estudiar, dignificar los espacios y que se le dé más importancia a las iniciativas de los y las jóvenes, que merecen más oportunidades.

Teresa siempre sintió la necesidad de relacionarse con sus vecinos del barrio. Comenzó ayudando en las cuadras, en reuniones en Paso de la Arena y finalmente, armó un grupo para luchar por el saneamiento, el pavimento, el alumbrado y la basura. En su carrera militante luego llegó a los concejos, donde actualmente participa en defensa de las infancias, la cultura, los adultos mayores y las mujeres.

Vivió cerca de la fábrica de Cousa (de aceites y aderezos), en donde tenían problemas cuando era la zafra, con los camiones en las puertas de sus casas. En ese momento comenzó a asesorarme para poder llegar a los dirigentes principales de la empresa, y lograr que se retiraran los camiones de la calle. Después aparecieron los consejos en los cuales comenzó a trabajar.

Vive actualmente en el barrio Chimenea, siendo referente del barrio y abanderada de las causas de la zona: "Mi prioridad son los vecinos, cualquier cosa que necesiten yo siempre voy a estar”. Teresa tiene dos nietas mujeres y siete nietos varones. Comentó que le encantaría dejarle a sus nietos (principalmente los varones) los valores con los cuales ella ejerce su día a día. Resaltó que intenta que ellos piensen en las mujeres, que las defiendan y que sean respetuosos en todas las áreas, siempre entendiendo que viven en un mundo machista.


Aseguró que al día de hoy le preocupa mucho la gente joven: me preocupa la gente que duerme en la calle, las mamás que andan con sus niños viviendo casa por casa, todas esas cosas me preocupan mucho. Hay una violencia constante en nuestra zona y tenemos que trabajar todos para mejorar la situación”.