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Belvedere

Don Francisco Piria, fue su fundador en 1892. Entre los muchos barrios donde quedó la impronta fundacional de Piria, se halla el de Belvedere, topónimo cuya etimología, al pie de la letra, sería “bella vista” o “bello ver”.

 Entre los muchos barrios donde quedó la impronta fundacional de Francisco Piria, se halla el de Belvedere (1892), topónimo cuya etimología, al pie de la letra, sería “bella vista” o “bello ver”.
Situado sobre el lomo de la cuchilla de Juan Fernández, Belvedere es uno de los ramales de la Cuchilla Grande, cuyas laderas determinan las cuencas de los arroyos Pantanoso y Miguelete.

Emplazado en una posición privilegiada, Piria -hombre de excelente olfato para los negocios- compró un extenso terreno allí, donde instaló su quinta de veraneo. Más tarde, dispuesto a trasladar sus vacaciones y las de su familia a las playas del Este, donde concibió el ambicioso proyecto de Piriápolis, reservó su antigua quinta para delinear un barrio que llamó Belvedere.

En realidad el nuevo barrio es parte del ya preexistente Nuevo París, cuya fundación se remontaba a 1869, fecha del plano de urbanización delineado por el ingeniero Demetrio Isola. Para el montevideano de hoy, acostumbrado a que la ciudad es un todo sin interrupciones, a veces resulta difícil distinguir donde termina un barrio y donde empieza el otro. Por eso hay que remitirse a la historia de cada uno de los parajes. Hace cien años nadie confundía a Belvedere con Nuevo París o con el Paso del Molino. Pero hoy, estando todos a continuación uno del otro, se suelen producir las confusiones. Esta es la explicación de por qué, de pronto, las calles se tuercen o se interrumpen en su recorrido, como sucede en Belvedere y sus barrios vecinos, y en tantos lugares más. Es que son el resultado de trazados ejecutados en etapas diferentes y en barrios que fueron diferentes.

El Belvedere que fundó Piria no es ninguna excepción a la regla general. Integrado hoy a los parajes aledaños con los que forma una sola unidad, mantiene -sin embargo- diferencias que le dan fisonomía e identidad propias.

Fuente : “Los barrios de Montevideo “ /  Ricardo Goldaracena

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