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El Florencio: una identidad cerrense

Elder Silva. Foto: Virignia Martínez.
Elder Silva. Foto: Virignia Martínez.
El Municipio dialogó con Elder Silva, director del teatro Florencio Sánchez, símbolo e identidad del barrio el Cerro, para concoer su gestión y su historia.

Levantando el telón

Contra la pared, un almanaque con una fotografía de José Carbajal “El Sabalero”, especialmente hecho para él , por una amiga, adorna el pequeño espacio de su escritorio.
Conversamos con Elder Silva, quien lleva desde el 2001, la dirección del teatro Florencio Sánchez, que instaló una identidad barrial: símbolo de los cerrences. “El Florencio” es el único centro cultural que tuvo y tiene el Cerro y ha permitido a muchos artistas, tanto locales como nacionales, dar sus primeros pasos, o en otros casos, formar parte de la trayectoria de los/as más conocidos pintores, fotógrafos, músicos y actores. Con una humilde fachada, “El Florencio” es el rinconcito de uno de los barrios del oeste montevideano que ha dado la libertad y el escape a unos/as cuantos/as al disfrute de la cultura uruguaya. El Centro Cultural Florencio Sánchez pasó por momentos críticos, pero bien supo y pudo sobrevivir a los duros tiempos de dictadura y  a la crisis del 2002.

En la década de los años 900 Montevideo era sitiada por miles de inmigrantes europeos y artistas aficionados “filodramáticos” (cuadros amantes del drama) que demandaban salas culturales por el desarrollo de sus obras en el Cerro. “Lo filodramáticos eran grupos de trabajadores obreros de los frigoríficos. Nosotros le abrimos las puertas a casi 60 grupos de “filodramáticos en los años 40; formaban distintos grupos y lo presentaban acá”, cuenta Elder Silva. Para satisfacer esa demanda el comerciante Manuel Diz crea el Cinema Teatro Polo -primer teatro barrial- nominado en 1964, como teatro Florencio Sánchez en homenaje al dramaturgo, cuando pasó a ser propiedad de la Junta Departamental de Montevideo. Uno de los tantos autores y poetas, que marcaron los perfiles de la literatura uruguaya de la esos tiempos.

Cuando el teatro abría sus puertas, el cine  estaba en pleno auge, puesto que la televisión no había llegado a Uruguay aún. Así se fueron dando programas muy diversos de películas y orquestas entre medio, “espectáculos largos de entretenimeinto que a veces duraban hasta 4 o 5 horas”. Y el teatro de comedia o zarzuela, “una telenovela cantada y bailada”, también estaba muy en boga.

En los años 80' los tiempos dictatoriales provocaron el deterioro de el Florencio, sumado a la falta de gestión. La reapertura tuvo que esperar hasta la temporada de 1997. “Y desde entonces sólo detiene su actividad en enero”. Abrir el Florencio no significaba sólo abrir las puertas a aquellos artistas que necesitaban expresarse y mostrar sus obras -después de muchos años de represión- sino y fundamentalmente “era una solicitud de los vecinos [y vecinas] restaurar la sala no solamente como teatro a secas, sino con carácter de Centro Cultural”.
En la década de los 70, se producen cambios en la sociedad debido al “protagonismo que adquiere la masa, el papel de la mujer -que también cambia- y los propios artistas, por su parte, no se conformaron con hacer un discurso unilateral. Surge la necesidad de intercambiar con la gente, de generar participación y ser más creativos”. La dictadura fue un proceso que “generó otras estrategias de los artistas para comunicarse”, indicó Silva.

Es a partir de la reapertura que el teatro del Cerro comienza a tener “una gestión consistente, una elaboración de programas, una creación de políticas de trabajo hacia la comunidad y junto con la comunidad” y Elder Silva llega a la dirección de un teatro que marcaba la identidad de todo un barrio. “Cuando el director de Cultura, Gonzalo Carámbula -en aquel momento-, me ofreció gestionar el teatro, me planteó que debía ser una sala de la ciudad, que abriera un espacio para incidencia de los/as vecinos/as y la comunidad; por eso desde el principio entendimos que la misión de el Florencio era tener una oferta cultural con espectáculos  locales y nacionales y extranjeros”, siendo la clave “el diálogo entre lo que se produce acá y va emergiendo con características importantes, con lo que sucede en el resto del país y en otras partes del mundo”.
El plástico cerrence, Fabio Rodríguez, el escultor coloniense, Horacio Faedo, Ruy Barbosa (guitarrista brasileño), Juan Falú (guitarrista y compositor argentino), el ballet de la Universidad de Zulia (Venezuela), la Escuela de Ballet del Teatro Bolshoi de Moscú, fueron algunos de los artistas destacados de el Florencio y que Elder mencionó con mucho orgullo; además de músicos nacionales como Fernando cabrera, Eduardo Darnauchans, la poeta Idea Vilariño, fotógrafos uruguayos con gran trayectoria, entre otros. También “pasó una cosa muy curiosa -dice entre risas- Pablo Uribe expuso  la misma muestra que después fue a representar a Uruguay en la V Bienal VentoSul de Venecia”.

Según Silva el intercambio entre creadores de distintas artes y diversos lugares posibilita a crear una masa crítica, permitiendo al espectador saber mirar mejor “porque si sólo se ve un estilo o forma cultural, se atenta contra la diversidad que es lo que realmente enriquece a la gente. La  diversidad y la variedad es de alguna manera lo que abre  la cabeza a la gente, los pensamientos y la sensibilidad”. Es así que el Florencio abre el panorama a, especialmente, “a los artistas nuevos, que tengan su espacio. Un ejemplo de artistas que hicieron su muestra por primera vez en el Florencio fueron: la pintora Alicia Rius y Álvaro Bustelo, “un pintor ya muy cotizado en este momento”, y bandas como  Vieja Historia.
El Florencio recibe y forman parte de su agenda, muchos proyectos propuestos por la gente: “El más importante es un proyecto turístico que la semana pasada ingresó al conglomerado turístico de Montevideo dentro de un circuito denominado Un día verde en tu vida. Es un proyecto de tour turístico por el Cerro, muy comunitario -que se hizo desde acá y se fue nutriendo  con gente de distintos lugares y ha sido muy exitoso- y que se sumó también al  proyecto Oeste Verde. El tour empieza en el Club de Golf y termia en Santiago Vázquez.
Por otra parte, Silva explica que existen también proyectos que parten de la idea de los propios funcionarios del teatro y los socios directos. “Luis Ignacio Sejas, un compañero que es coleccionista de películas de todos los tiempos - sobre todo de humor-, tiene el archivo más grande del Uruguay y de ahí empezamos a pensar en un proyecto que va a comenzar el año que viene al que llamamos La Matine del Cerro. En funciones desde las tres de la tarde, pensadas  especialmente en la gente ociosa, los adultos mayores”.
En el 2011 el Florencio tuvo una oferta de diez espectáculos entre música, teatro y danza, espectáculos propuestos por los propios artistas o en otros casos solicitados por el teatro; “El año que viene, de pronto, vamos a agregar más, especialmente uno de circo que estamos pensando y algo más de teatro”, indicó  el director.
Además de los artistas que presentan sus proyectos, y profesores talleristas, en el teatro trabajan 21 funcionarios -contando al director- de los cuales en su mayoría viven en el Cerro; “un grupo proactivo de trabajadores que tiene la camiseta puesta y permite, además, tener un compromiso mayor porque [el Florencio] es parte de su identidad, la amabilidad con la gente que vienen o cualquiera de los socios es algo sagrado para nosotros y tener gente del Cerro ayuda, sostuvo Silva, al tiempo que adelantó que se está trabajando para construir, a una cuadra y media, un anexo con el que se va a instalar talleres de fotografía y video. Una propuesta que se ganó en el presupuesto participativo y “ya está en camino, pronta para empezar. Esperamos que para el año que viene esté pronta”.


Virginia Martínez

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