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07.02.2013 - 15:24

Algo más que diversión

Foto: Jandira Dávila
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Al agua pato en su cuarta edición en el Oeste

Como fue pautado nos dirigimos a Puntas de Sayago poco después de las nueve de la mañana. El objetivo: ver cómo estaba desarrollándose este año el proyecto Al agua pato. Un proyecto que desde hace cuatro año convoca a niños, niñas y jóvenes de distintos barrios de la zona, para iniciarse en el aprendizaje de la natación.

Es organizado por los Servicios de Orientación, Consulta y Articulación Territorial (SOCAT) Cerro Oeste, la Dirección Nacional Infamilia del Ministerio de Desarrollo Social, en convenio con la Intendencia de Montevideo y el Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU). Cuenta además con la participación de guardavidas, concejales del Municipio A y vecinos de la zona. Este año las actividades comenzaron el 3 de enero y los encuentros son los martes y jueves desde las 8.45 hasta el mediodía.

Al final del camino, la playa se desplegaba hermosa y tranquila. En el medio estaban ellos, rodeados de un impresionante despliegue de brillo y color. Banderas, coloridos trajes, que ellos mismos crearon, y una gran pancarta, anunciaban la primera actividad del día: el desfile.
De punta a punta niños y niñas provenientes de Las Huertas, Casabó, Puntas de Sayago y otros barrios de la zona, desfilaron por la playa cantando y bailando, acompañados por los profes, las madres y los vecinos.

Los responsables de la diversión

La conformación de los equipos responsables de las actividades se realiza mediante concurso. Daniela Romero es estudiante avanzada de educación física, su incorporación permitió que pudieran hacerse dos niveles de aprendizaje. Es la primera vez que hay una estudiante en el grupo de profesores, que desde sus inicios fue guiado por Leonardo Palmer.

Mientras ayudaba a una de las niñas a desenredar las cintas del disfraz de su pelo, Palmer se dispuso a contarnos un poco más acerca de su trabajo y la enseñanza del manejo de la natación en aguas abiertas. Explicó que no es lo mismo que nadar en una piscina, porque deben aprender a conocer el viento, el color del agua y las mareas, “aprenden a nadar en la naturaleza y están vinculados al medio en el que viven”.

“¡Colo tenés un pelazo, sos la envidia de la barra!”, interrupmpió al terminar de ayudarla y luego siguió. "Les inculcamos a los gurises a hacer un uso responsable del espacio”, porque además de ser un proyecto de recreación y educación para niños, es una instancia de recuperación de un espacio público. Un ejemplo de esto es que es el primer año que la playa cuenta con un baño para el uso de todos y continúa en perfecto estado. Los niños aprenden que si no cuidamos y mimamos lo que tenemos lo perdemos, aclaró.

El momento más esperado

¿Cuándo vamos al agua? La pregunta más escuchada de la mañana. Algunos con los “flota-flota” y otros corriendo emocionados se tiraron al agua sin pensarlo. No estaba fría. Fueron hasta el lugar donde están colocados los andariveles, que simulan una pequeña piscina en la costa y disfrutaron a pleno el mejor momento de la mañana.

Andrea, una de las educadoras sociales que completan el equipo de trabajo, contó que trabaja en el INAU y es su tercer año como “recreadora de arena”. En lo que va del verano han trabajado en base a ejes temáticos como circo, malabares, técnica swing y acrobacia. También trabajaron juegos con arena, como motivadores del potencial artístico de los gurises. De ahora en más trabajarán el eje “memorias y tradiciones de la zona”, que consistirá en que cada niño lleve una historia o un personaje particular del barrio, y comiencen juntos a cuestionarse sobre el origen: ¿por qué se llama así mi barrio?, ¿quiénes son sus personajes y por qué?

Una mañana accidentada

Los chapoteos se fueron acercando rápido, la hora del agua había terminado. Volvieron todos corriendo, escapando de las aguavivas. “Acá, acá y aquí” mostró uno de los niños, mientras señalaba dónde había sido picado. Al lado Daniela lavaba a una de las niñas que había sido picada en el ojo.

En total participan unos 120 niños. “Hay una constancia en la participación de muchos gurises que han pasado los años y siguen viniendo”, dijo Andrea. Hay gran participación comunitaria, hay vecinos como Nelson, que es de Casabó, que está desde que arrancó el proyecto y va siempre a dar una mano. Las madres que se quedan están completamente integradas a la actividad, mientras matean y charlan entusiasmadas, disfrutan a pleno a la vez que cuidan con dulzura y dedicación a todos los niños por igual.

El profe Leonardo contó que “los pescadores” también están tomando clases con él, “vienen un rato antes y les enseño”, dijo señalando a unos jóvenes que estaban ya inmersos en su labor cotidiana sobre el final de la playa, “viven de eso y no saben nadar, es su herramienta de trabajo” manifestó con asombro.
“Se trata de darles a conocer algo distinto”, dijo finalmente el profe, la base está en mostrarles que se pueden hacer otras cosas. “Es lo único que logra romper con la pobreza, el acceso a cosas nuevas, mostrarles que existe algo diferente”, dijo convencido. El objetivo estaba más que cumplido y el sol marcaba la retirada. El proyecto continúa funcionando y crece año a año. Al agua pato continuará hasta el 28 de febrero, brindando un verano diferente para los niños y niñas del Oeste.


Jandira Dávila

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