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Gerardo Nieto

Gerardo Nieto
Gerardo Nieto en su barrio, el Cerro. Foto: Gonzalo Silva.
Gerardo Nieto
Gerardo Nieto en su barrio, el Cerro. Foto: Gonzalo Silva.
Gerardo Nieto
Gerardo Nieto en su barrio, el Cerro. Foto: Gonzalo Silva.
"Del Cerro soy, nuna me fuí...". Un referente de la música tropical uruguaya. Cuenta su trayectoria y pequeñas historias del barrio Casabó, donde vivió siempre.

GERARDO NIETO

"Del Cerro soy, nunca me fui…"

  Gerardo Nieto, un artista referente de la música tropical uruguaya, nos recibió en su casa, en su querido Casabó, donde vivió toda su vida. Hicimos un recorrido a lo largo de su trayectoria, desde su infancia hasta la actualidad. Trajo los recuerdos de su niñez, y nos contó de qué manera el barrio lo marcó en su adolescencia, cuando daba los primeros pasos en su carrera de cantante.

- ¿Cómo fue tu infancia y adolescencia?
- Muy divertida, muy natural, porque en aquellos tiempos, en estos barrios teníamos mucho campo, mucha naturaleza. Tenías campo, un tajamar, montes, playas en la costa del Cerro, el campo de golf, la fortaleza. Eso tiene mucho de lindo para un chiquilín. Se extraña un poco realmente; cuando uno se pone más grande y el barrio va cambiando, se van perdiendo esos espacios, el barrio va mutando. Es el crecimiento natural de la ciudad, las edificaciones, espacios públicos que gana la ciudad; el campo se pierde un poco. Otra cosa que también era distinta en este barrio era el Frigorífico Nacional: era fabuloso ver los camiones con las vacas y después descargándolas en la tablada, ver como trabajaban; todos los corrales estaban llenos de vacas. Eso estaba buenísimo, y para uno que era chico, imaginate.
Mi padre trabajó ahí -también mis abuelos- desde que era chiquito, porque quien nacía en el Cerro, trabajaba en los frigoríficos. Había cuatro, entonces no te mandaban a estudiar porque era un trabajo bien pago.

- ¿Qué música escuchabas en esa época, en tu adolescencia?
- Siempre me gustó la música, desde que era chiquitito. Cuando tenía 5 ó 6 años me pasaban para la casa del vecino, me ponían arriba de la mesa y yo me cantaba íntegramente un disco de Beto Hernández. Los temas eran tipo melódicos. Con ésto quiero decir que siempre tuve algo con la música, como que algo me atraía, siempre tuve conexión con ella.

- ¿Cuándo descubriste que querías ser cantante?
- Yo siempre lo tuve arraigado: sabía que lo iba a hacer, no sé si profesionalmente o no, pero estaba seguro que mi vida iba a estar vinculada a la música de alguna manera. Siempre lo tuve muy claro, como una voz interna que me decía “yo voy a cantar, va por acá”. No pensaba vivir de la música, tal vez por dentro sí tenía la fantasía de vivir de ella; después se dio. Fue mucho trabajo también. Empecé profesionalmente a los 14 años en Carnaval: había una Murga que la dirigía uno de los directores de Araca la Cana, el Paraguayo López, el vivía cerca de acá.
En esa Murga salí de casualidad, porque mi hermano cantaba ahí. Aprendí muchas cosas. Mi hermano siempre tuvo problemas para agarrar las notas, entonces cuando el arreglador pasaba las voces, yo de atrás le cantaba la nota a mi hermano para ayudarlo. El arreglador me veía y al final me dijo un día: “Bo guacho, vení, arrimate ahí”. Yo le decía que no y mi hermano decía que no también, “dejalo tranquilo que está estudiando, está para otra cosa”, pero yo me moría por estar ahí. Lo que pasa es que, en aquél tiempo, el ambiente de murga estaba mal visto para un gurí; se pensaba que era un ambiente de borrachos, sinónimo de joda, vagancia. Mi padre con mi hermano no pudo porque era grande, pero yo era chiquito, era menor. Al final el arreglador insistió y fue a mi casa, convenció a mis padres y me firmaron el permiso del menor para que pudiera salir. Esa fue mi primera experiencia a nivel profesional, porque cobrabas por cantar. Estuvo muy bueno, a mi me servía todo. No sé porqué, pero por suerte el Cerro es un semillero de artistas espectaculares, siempre hubo gente que cantaba en las cantinas, gente que cantaba tango, que tocaban como los dioses; yo aprendí con todos ellos.

- ¿Y cómo te fuiste metiendo en la música tropical?
- Me gustaba. Tenía 16 años cuando estaba trabajando en una fábrica de alfombras y me enteré que ensayaba una banda que se llamaba Combo Manatí, una orquesta vieja que me sonaba de nombre, pero nunca la había escuchado. Eran unos veteranos que tocaban y justo buscaban cantante, yo era un guacho y me servía todo si era para cantar. Al final no salió esa banda, no sé porqué, creo que no pudieron juntar a la gente.

- ¿Cómo llegaste a Karibe con K?
- En esa época salía en Carnaval con Los Carlitos, y ahí ensayaba con Miguel Cufos, ex integrante de Karibe con K. Nos conocimos ensayando, aunque también era del barrio.
Fueron a buscar a Miguel, y como precisaban otro cantante, él me llevó a mí. Me llevaron a cantar a otra banda, Sonora Dinamita; yo estaba re contento. Ahí me vio Eduardo Rivero, hablamos y me dijo que tenía otra propuesta y me reclutó para otra banda que se llamaba Sonora Karibe. Me encantó la idea, ya era más grandecito, ya iba a los bailes, ya era otro gurí. Me acuerdo que una vez hicimos una reunión con Eduardo y nos dijo: “Ésto, en un año, va a ser el número 1”; el loco era un tipo visionario. Él estaba seguro que íbamos a sacar discos de oro, era un adelantado porque sabía de marketing y en esa época no se usaba el marketing para esas cosas.

- ¿En el 2000 muchos grupos se tuvieron que adaptar a una nueva corriente musical?
- Si, en esa época yo estaba en La Autentika. Como músicos habíamos evolucionado: queríamos avanzar, aprendimos a leer música, profundizamos en los instrumentos, queríamos mejorar los arreglos, grabábamos cada vez más prolijos, queríamos asemejarnos lo más posible a la salsa. Para nosotros era complicado, pero era el estilo que queríamos hacer.
Cuando el Fata arma Los Fatales, creó un nuevo estilo que se llamaba Pop Latino. Era lo que sonaba en los boliches, lo impuso en el mercado y atrás de él fuimos todos, Monterrojo y muy atrás La Autentika. La Autentika tenía raíces más sobrias tipo Borinquen, queríamos sonar con arreglos complicados, pero a la gente no le importa eso. Había que sacarle complejidad a la música y para nosotros eso era ir para atrás, un poco nos resistíamos. En vez de mejorar, teníamos que hacer arreglos más cuadrados, los coros más simples, nada de síncopa, todo a tierra, hasta las letras eran para menos. Igual nos divertíamos, a todo el mundo le gusta pachanguear, pero como músicos no era lo que realmente queríamos. Me gustan las letras un poco más elaboradas, no te digo Shakespeare, pero dar algún mensaje. Para mí una canción tiene que tener un principio, un desarrollo y un final.

- Hoy en día, ¿cómo te sentís con tu carrera solista?
- Cuando fui solista me despaché un poquito de todo. Tuve que aprender de marketing y también me la jugué por decir cosas, denuncias sociales. Por ejemplo, el tema Héroes fue escrito para los niños de la calle.
Durante mi carrera en Karibe con K se me encasilló con los románticos, pero ahora, como solista, puedo darme el lujo de incursionar en temas más pleneros y también cantarle a algo más que el amor. Ahí fue cuando hicimos el tema del Cerro. Hice un tema que le canta a una cama; nada que ver, nadie le canta a una cama, pero me pareció interesante hacer un tema así. Habla de un montón de cosas que pasan en una cama: los problemas, el amor, los secretos que te guardás, más de la mitad de la vida la pasás en la cama.

- ¿Hay alguna relación entre tu barrio y tu música? ¿Influyó en tu carrera ser del Cerro?
- Sin duda. Yo vivía en la calle Holanda, en unas casas todas pegaditas que pertenecían al Frigorífico Nacional. Allí me crié; nos conocíamos todos los vecinos, era una comunidad muy linda. Ahí cantábamos, nos juntábamos con un muchacho que hacía canto popular y le hacíamos serenatas a la veterana del barrio, te estoy hablando de los 24 de diciembre, era un clásico. Mi casa era el cuartel de reunión, entre la sidra y el pan dulce cantábamos con mi hermano toda la madrugada, era un show.

- ¿Nunca se te ocurrió mudarte?
- No quiero, tuve miles de oportunidades, pero no quiero. Mi mamá vive acá, quiero estar cerca de ella. A todo el mundo le debe pasar igual, el barrio donde uno nació debe ser lo máximo, pero para mi el Cerro es diferente a otros barrios, la gente es muy cálida acá.

Gonzalo Irigoyen y Gonzalo Silva
Pasantes de Comunicación
Comunal 17 y 18

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