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A toda murga

Murga 3 de abril. Foto: Gonzalo Silva.
Murga 3 de abril. Foto: Gonzalo Silva.
Murga 3 de abril. Foto: Gonzalo Silva.
“Nos pintamos la cara y nos olvidamos de los dolores”

La murga que promedia los 74 años de edad, ya cuenta con 4 años de formación, un demo con cinco canciones y han cantado en más de 80 tablados de todo el país. Veintitrés  son los abuelos que desde el 3 de abril se suben a los escenarios para escaparle al letargo y contagiar felicidad y vitalidad por los barrios.

“Nosotros vamos a todos los lugares donde nos inviten”, con esa premisa ya abrieron dos veces el concurso de Murga Joven y se han subido al escenario del Museo del Carnaval y del Molino del Galgo, han recorrido varios departamentos y en la zona han actuado para CAIF, guarderías, comisiones de barrio y en diversas actividades. A través de la murga, muchos de sus integrantes se acercaron por primera vez al canto y a cumplir el sueño de subirse a las tablas, como el caso de Zulma, que con 74 años afirma que “nunca es tarde para arrancar”. El grupo se ha ido consolidando gracias al compañerismo reinante entre ellos: “acá nos reunimos y pasamos un buen momento”. El principal cometido de juntarse a cantar es sacar a los abuelos de su casa: “acá vos tenés otra opción mas allá de estar todo el día frente al televisor o postrado en una silla; la tercera edad la vivimos de otra forma, mucho más plena”. Los ensayos se transforman en un ámbito donde comparten vivencias y anécdotas y, hasta donde los dolores desaparecen; “a veces te duele la cadera o la rodilla, pero subís y cantas y te olvidas de todo”.

A través de la gestora cultural de Esquinas de la Cultura, Cecilia Alzogaray y su tallerista y director, Diego Mutizabal,   grabaron un demo con cinco canciones. “Cuando vino este botija [Mutizabal], éramos 18 ó 20 en la murga, y muchas de las compañeras dijeron: 'nos va a sacar del coro porque nosotros no sabemos cantar', y ahí reafirmamos nuestro compromiso de que de acá no se va nadie, en todo caso el que se va es él (risas), pero al final eso nunca pasó”, afirman. “Diego ha dirigido muchos grupos importantes, es un gran profesional que viene con una humildad tremenda a dirigirnos y eso es un gran honor “.

No conocen de otra murga de adultos mayores y detallan que cuando comenzaron no contaban con local donde ensayar. “Nos sentábamos afuera y los vecinos pasaban, nos miraban y decían: 'estos viejos están locos'. Ahora pasan, nos aplauden y  nos piden que nos cantemos una.” Si bien se han ganado el cariño de los vecinos del barrio y de la zona en general, puertas adentro no les ha sido tan sencillo: “cuando les dijimos a nuestros hijos y nietos que íbamos a salir en una murga, no querían saber nada con eso, a muchos les daba vergüenza”. Afirman que todavía hay muchos familiares que no los han visto actuar y que otros van, pero los miran desde lejos.  “No nos molesta que algunos se rían de nosotros o nos tilden de viejos locos, porque lo que hacemos es divertirnos, y además, fuimos los primeros en reírnos de nosotros mismos y dejar atrás los miedos de hacer el ridículo”.

Con más de 80 tablados encima, los abuelos han recorrido gran parte de Montevideo y del Interior. “A veces, cuando llegamos a un lugar que no nos conocen, la gente nos ve bajar del ómnibus, que algunos lo hacemos con bastón, algunos ayudándonos los unos a los otros, y dicen: 'y estos viejos que vienen a hacer acá'”. Pese a algunas primeras impresiones,  afirman que siempre los terminan aplaudiendo de pie, “no porque seamos las mejores voces, sino por lo que dejamos arriba del escenario; lo dejamos todo y eso es lo que la gente reconoce”.

Con sus cuatro años de trayectoria, cuentan con un gran puñado de anécdotas que sólo el carnaval puede ofrecer. En una ocasión, luego de haber actuado en el Centro Geriátrico Piñeiro del Campo, tuvieron que volver en una ambulancia, pero no debido a que alguno de los integrantes se hubiese sentido mal,  sino porque se habían quedado sin locomoción a la vuelta. “Los muchachos de la ambulancia nos dijeron: 'si se animan los llevamos nosotros' y así fue como nos vinimos con ellos”. También, han sabido subirse a un camión, pero el de la cuadrilla del CCZ 18, para ir hasta el corso vecinal, “y hasta en un camión de fletes nos fuimos al corso de Colón, a pura marcha camión (risas)”. Cuando el escenario es cerca, los abuelos se pintan las caras, se ponen los trajes y se trasladan caminando por la Avda. Luis Batlle Berres, y la gente que viaja en auto o en ómnibus se sorprenden de encontrarse con unos murguistas que van cantando y bailando por la calle. Así es que los adultos mayores del 3 de abril, se pintan la cara y dejando atrás la cédula de identidad y algunos dolores, se suben a donde los inviten para regalarnos un ejemplo de vitalidad y de ganas de seguir disfrutando de la vida.

Gonzalo Silva


 

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